Monday, September 28, 2026

CRÓNICA 8 DE SEPTIEMBRE 2026

 



Después de unas Vísperas que vienen experimentando un notable auge tanto a nivel mediático como devocional, gracias, entre otras iniciativas, a la tradición ya consolidada de las alfombras de sal que engalanan la ciudad durante la tarde anterior a la festividad de la Virgen, y a una ofrenda floral que, año tras año, continúa superando las cifras de asistencia de fieles, llegó por fin el esperado 8 de septiembre, festividad de Santa María del Valle, Reina y Patrona de Écija.

Poco antes de las 19:30 horas hacía su llegada la Banda de Música AMUECI, en pasacalles, a una plaza que, a diferencia de años anteriores, presentaba una afluencia algo más discreta de fieles. Quizá ello invite a reconsiderar la conveniencia de adelantar el horario de la procesión en una época todavía marcada por las elevadas temperaturas, circunstancia que, lejos de favorecer la participación, puede terminar condicionándola.

Tras AMUECI, y como novedad de este año, hacía su aparición la Banda de Azotes, encargada de abrir el cortejo con sus sones. Una iniciativa recibida con enorme ilusión por la ciudad y que, sin duda, ha contribuido a revestir de mayor solemnidad y grandiosidad una jornada tan señalada para los ecijanos.

Con puntualidad, el cortejo se puso en la calle y, una vez más, la Santísima Virgen del Valle volvió a llenar las calles de Écija con su resplandeciente belleza. A su llegada a Puerta Palma, pudo contemplarse una de las primeras grandes estampas de la jornada: una calle profusamente engalanada por los vecinos y por la Hermandad de la Yedra, que quiso agradecer la visita de la Virgen del pasado año al barrio del Puente con una emotiva plegaria y una hermosa petalada.

Sin embargo, si hubo una imagen que difícilmente podremos olvidar quienes tuvimos la dicha de contemplarla, fue aquella vivida durante la revirá en aquel punto, cuando los últimos rayos del sol acariciaron el rostro de la Virgen. La luz parecía detenerse sobre Ella, haciendo resplandecer de manera extraordinaria su corona y rostrillo de oro, recientemente restaurados, mientras iluminaba el dulce semblante de la Santísima Virgen y del Divino Niño. Una estampa de extraordinaria belleza que parecía convertir por unos instantes la tarde ecijana en un auténtico escenario celestial.

La procesión continuó su recorrido hasta La Calzada, donde tuvieron lugar nuevas plegarias y una preciosa interpretación musical a cargo de un trío de capilla, acompañada posteriormente de un canto rezado ante la presencia de la Virgen.


El paso tomó entonces dirección hacia la Plaza de Colón, donde un coro ofreció diversas plegarias a la Señora ante la atenta mirada de los residentes de la residencia de mayores y de personas  procedentes de distintos centros asistenciales, que pudieron disfrutar de su presencia desde un palco especialmente habilitado para ellos. Un hermoso gesto que permitió acercar también a estos colectivos uno de los momentos más esperados de las fiestas patronales.

A continuación, el paso enfiló la calle del Carmen, dando comienzo así a una de las grandes novedades de esta procesión: la visita de la Patrona al emblemático barrio del Carmen. Y si algo quedó demostrado desde el primer instante fue el extraordinario cariño con el que sus vecinos recibieron a la Virgen. El barrio entero se presentó completamente volcado con la visita, profusamente engalanado y revestido para la ocasión, mientras una multitud ocupaba sus calles para acompañar a la Patrona.

Al alcanzar la Parroquia del Carmen, el paso realizó un saludo a las hermandades y cofradías allí establecidas, que también se habían entregado por completo para que el barrio luciera sus mejores galas en tan señalada jornada. Banderas, adornos, colgaduras y una magnífica alfombra de sal que cubría por completo la calle Nuestra Señora de la Soledad daban cuenta de la extraordinaria implicación de sus vecinos y corporaciones.

Fue precisamente en esta calle donde tuvo lugar el estreno de la nueva marcha procesional «María del Valle», obra del compositor Cristóbal López Gándara, director de la Banda de Música AMUECI de Écija. La composición fue acogida con especial cariño por la ciudad y puso una nota particularmente emotiva a la visita de la Patrona, culminando con un precioso canto rezado a la Santísima Virgen.


Los cantos, las petaladas y los vítores se sucedieron durante todo el recorrido por el barrio, en una manifestación de fervor que acompañó a la Virgen hasta su regreso al centro histórico de la ciudad.

Ya en el corazón histórico de Écija, la procesión adquirió por momentos un carácter más solemne y, en determinados pasajes, incluso de marcado tono fúnebre. Se sucedieron algunas marchas de indudable calidad musical, aunque, a mi juicio, en determinados momentos resultaron difícilmente conciliables con la naturaleza festiva y jubilosa que representa la presencia de la Patrona en las calles junto a su pueblo. No faltaron, sin embargo, excepciones de especial belleza.

Entre ellas destacó la llegada a la calle del Conde, donde los vecinos y los devotos del Arco recibieron a la Virgen con una preciosa petalada y cantes. También las alfombras de sal, acompañadas en esta ocasión por alegres marchas interpretadas por la Banda de Azotes, ofrecieron una estampa particularmente luminosa de la procesión.

Mención especial merece igualmente el paso de la Virgen por la calle Santa Cruz, bellamente engalanada y que, año tras año, parece consolidarse como uno de los enclaves imprescindibles de la procesión. La extraordinaria participación de sus vecinos, que reciben a la Patrona entre plegarias, pétalos y muestras de fervor, ha convertido ya este rincón en uno de los puntos más esperados de la jornada.

Finalmente, la Santísima Virgen emprendió el camino de regreso a su templo. Sin embargo, en el momento de su entrada se produjo una circunstancia que, a mi entender, no debería volver a repetirse: apenas el paso hubo atravesado las puertas de la Parroquia de Santa Cruz, estas fueron cerradas, dejando en el exterior a numerosos devotos que habían acompañado a la Virgen durante todo el recorrido en la cera de la devoción, sin posibilidad de contemplar ni despedir debidamente a la Santísima Virgen.

Y así concluyó un 8 de septiembre especialmente marcado por la visita al barrio del Carmen, que ha demostrado con creces el cariño y la ilusión con los que toda Écija recibe a su Patrona.

Una jornada más volvió a quedar patente una verdad que la ciudad conoce desde hace siglos: vaya donde vaya la Santísima Virgen del Valle, toda Écija sale a su encuentro, porque toda Écija la quiere.

Por los siglos de los siglos, nuestra Reina y Patrona.